Un conejo de grandes orejas aparece rodeado de flores rosas y blancas. La imagen utiliza una paleta de marrón, rosa, blanco y verde y un acabado pictórico que resalta la luz, las texturas y la atmósfera de la escena. Su composición vertical equilibra cuidadosamente el punto focal con los detalles del entorno, creando una presencia serena, elegante y atemporal.